Doug va a dar el gran paso. Se casa. Así que marcha al desierto de Nevada, a celebrar su despedida de soltero, acompañado de sus dos mejores amigos, Phil y Stu, así como de su inminente cuñado, Alan (tremebundo. Tras una noche de juerga, el novio desaparece…Sin la amenaza de la eterna virginidad pululando alrededor del cuarteto central, la película sustituye en cierto grado los gustos humorísticos púberes ─básicamente, escatología, alcohol y chicas voluptuosas a granel─ por un poso grueso derivado de las consecuencias de una maratón de juerga adulta nunca mostrada al público; y es que Todd Phillips, conocedor del género y los materiales que maneja, ata el interés del palco a una búsqueda convertida en una sucesión de descacharrantes imposibles que se sustenta en el descubrimiento del origen de las circunstancias que llevan a los protagonistas a su triste situación actual. La conocida por todos ─o casi todos─ potenciación de los alterables estados de ánimo del ser humano tras la ingesta masiva de sustancias más o menos lícitas convierte la trama en un exagerado paseo por contextos y escenarios que dispararán la complicidad de buena parte de su palco natural, elevados todos ellos a la potencia necesaria para conseguir que la catarsis sea considerablemente mayor en sus resultados que el sentimiento de identificación que durante el visionado pudiera generarse con peligrosa espontaneidad.Porque bajo el poso de humor y socarronería se esconde un grumoso sustrato de insatisfacción y frustración fácilmente palpable, de suerte que la inmediata felicidad de Doug es eliminada de raíz por el realizador en los primeros minutos y sustituida por sentimientos que afloran entre el trío restante, un choque emocional ─y físico, muchas veces─ entre tres diferentes versiones del espíritu de Peter Pan, sostenidas perfectamente por unos actores convertidos en distintas interpretaciones de los estados de ánimo y actitudes vitales de buena parte de los hombres de la sociedad occidental. Se suman y funden la hipocresía anti-matrimonial de Phil, fachada sostenida por su encanto y carisma innegables; el acomodaticio dolor de Stu; y el infantil ─pero avispado─ espíritu de Alan, que busca en sus recientes amigos la familia con la que no logra encajar en su realidad cotidiana. Con todo, una superficial e inocente moralina acaba por dominar hasta donde alcanza la vista, como es habitual, máxime con la chequera lista para la continuación de las andanzas de este grupo salvaje de andar por casa. El dólar manda, y esta no va a ser la excepción. Pero aún así, la diversión y un positivo grado de sana irreverencia están aseguradas, convirtiendo a “Resacón en Las Vegas” en algo más que una simple extensión formal de cualquier propuesta juvenil al uso. Y que siga la fiesta.
martes, 23 de marzo de 2010
RESACÓN EN LAS VEGAS
Doug va a dar el gran paso. Se casa. Así que marcha al desierto de Nevada, a celebrar su despedida de soltero, acompañado de sus dos mejores amigos, Phil y Stu, así como de su inminente cuñado, Alan (tremebundo. Tras una noche de juerga, el novio desaparece…Sin la amenaza de la eterna virginidad pululando alrededor del cuarteto central, la película sustituye en cierto grado los gustos humorísticos púberes ─básicamente, escatología, alcohol y chicas voluptuosas a granel─ por un poso grueso derivado de las consecuencias de una maratón de juerga adulta nunca mostrada al público; y es que Todd Phillips, conocedor del género y los materiales que maneja, ata el interés del palco a una búsqueda convertida en una sucesión de descacharrantes imposibles que se sustenta en el descubrimiento del origen de las circunstancias que llevan a los protagonistas a su triste situación actual. La conocida por todos ─o casi todos─ potenciación de los alterables estados de ánimo del ser humano tras la ingesta masiva de sustancias más o menos lícitas convierte la trama en un exagerado paseo por contextos y escenarios que dispararán la complicidad de buena parte de su palco natural, elevados todos ellos a la potencia necesaria para conseguir que la catarsis sea considerablemente mayor en sus resultados que el sentimiento de identificación que durante el visionado pudiera generarse con peligrosa espontaneidad.Porque bajo el poso de humor y socarronería se esconde un grumoso sustrato de insatisfacción y frustración fácilmente palpable, de suerte que la inmediata felicidad de Doug es eliminada de raíz por el realizador en los primeros minutos y sustituida por sentimientos que afloran entre el trío restante, un choque emocional ─y físico, muchas veces─ entre tres diferentes versiones del espíritu de Peter Pan, sostenidas perfectamente por unos actores convertidos en distintas interpretaciones de los estados de ánimo y actitudes vitales de buena parte de los hombres de la sociedad occidental. Se suman y funden la hipocresía anti-matrimonial de Phil, fachada sostenida por su encanto y carisma innegables; el acomodaticio dolor de Stu; y el infantil ─pero avispado─ espíritu de Alan, que busca en sus recientes amigos la familia con la que no logra encajar en su realidad cotidiana. Con todo, una superficial e inocente moralina acaba por dominar hasta donde alcanza la vista, como es habitual, máxime con la chequera lista para la continuación de las andanzas de este grupo salvaje de andar por casa. El dólar manda, y esta no va a ser la excepción. Pero aún así, la diversión y un positivo grado de sana irreverencia están aseguradas, convirtiendo a “Resacón en Las Vegas” en algo más que una simple extensión formal de cualquier propuesta juvenil al uso. Y que siga la fiesta.
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